Tres impactos de la continuidad de Maduro en Venezuela

 

Como era de esperar, no les bastó a las fuerzas democráticas de Venezuela ganar una elección con todo en contra y demostrarlo. Faltaba siempre algo más. Tampoco los militares aprovecharon esta oportunidad para convertirse en eje de una transición agravando su situación ante la comunidad internacional e incluso el futuro del estamento militar venezolano fundado a principio del siglo XX. El chavismo, tampoco sale bien parado en todo esto. Con la insistencia de Maduro a todas luces contra un voto transversal en el que muchos chavistas optaron por Edmundo González, el movimiento político está amarrado a la futura debacle de Maduro.

Este post parte de una certeza que venimos manifestando luego de observar por décadas a Venezuela y el chavismo: Maduro no podrá mejorar la situación económica y material del país en ninguno de los sentidos. Difícilmente podemos equivocarnos tomando en cuenta el estado de desinstitucionalización que implica su estilo de gestión, su personalidad y la de sus aliados más importantes. Por tanto, seguirá teniendo problemas de legitimidad, legalidad y recurrirá en cada crisis bajo a la represión.

Nadie está seguro con Maduro dentro de Venezuela y fuera de sus fronteras con el tiempo puede convertirse en una amenaza, aunque no del nivel de Irán, Rusia, China o Estados Unidos. Una amenaza híbrida y focalizada limitada por la destrucción que la misma gestión de Maduro infringirá a las capacidades de poder duro y blando de Venezuela.

En esta ocasión, queremos solo poner sobre la mesa tres impactos de la persistencia de Maduro en el poder (siempre y cuando no aparezca una sorpresa militar que nunca es descartable).

El efecto contagio: Venezuela, en su período democrático, fue un país que intentó en lo posible apoyar a las democracias de la región. Lo mismo están haciendo Chile, Uruguay o Argentina en este momento. Curiosamente, estos países fueron los que más ayudó Venezuela en su proceso de democratización y dar refugio a los perseguidos políticos en tiempos de la operación Condor. También Venezuela apoyó a España, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana y tantos países que, dependiendo de la ideología de sus gobiernos apoyan o no ahora la causa democrática venezolana. El efecto contagio de la caída de Venezuela puede estar servido gracias a la excesiva ideologización de las políticas exteriores de las democracias occidentales y, sobre todo sus debilidades intrínsecas a la hora de frenar la caída de una democracia aliada. Occidente pierde un potente aliado y se lo regala a Eurasia, pero más importante aun todavía es que los aspirantes a tiranos en la región saben que tienen el territorio despejado. Nadie les hará nada. Ya se sabía, pero ahora se confirma. Mientras las tiranías eurasiáticas son algo solidarias con Caracas, Occidente no pasa de las declaraciones y sanciones inocuas. A partir de ahora, si alguien quiere destruir una democracia desde dentro el modelo venezolano se puede seguir y no pasará nada con las implicaciones que tiene en dinámicas de emigración, inversión y desarrollo.

El petróleo que occidente necesitará: No es Nicaragua, Cuba o El Salvador con sus exiguos recursos y capacidades, sino una de las principales economías de la región y con un potencial clave desde el punto de vista energético. Controlado por China, Rusia e Irán, en momentos en que se tensen las cuerdas geopolíticas y si falla la llamada transición energética, la ausencia de crudos venezolanos gracias a la incompetencia de Maduro (conveniente a persas, rusos, árabes interesados en eliminar un competidor petrolero), ese crudo venezolano hará falta. Pareciera que no si todo va como va, pero la pregunta que salta a la vista es que si la transición energética no llega a los niveles deseados ¿Qué pasaría en momentos en que China tenga una armada de alcance global?

La expansión criminal venezolana: Si Maduro no termina de cuajar en su tiranía y ocurre un colapso que derive en una transición democrática favorable a la apertura de la economía y su refinanciación, es muy factible que la expansión de la criminalidad venezolana se detenga y además retorne a Venezuela. Si Maduro consolida su tiranía, la expansión criminal se solidificará y crecerá con influencia notable, por no decir asociación con el régimen de Maduro para el desarrollo de guerra híbrida. Venezuela se convertirá en un emisor de problemas de todo tipo, incluyendo en el ámbito ecológico, generación de capacidades de ataque híbrido a otras democracias, incluyendo alteraciones del orden público y ciberseguridad.

 

Vemos muy pocas probabilidades de recuperación venezolana bajo Maduro. Tampoco está en sus planes. Sabe que un empresariado o ciudadano o fuerzas armadas al 100% de sus capacidades suponen un peligro para su régimen ilegítimo. Venezuela no solo se quedará estancada a niveles de Honduras (citanto a varios economistas), sino que puede tomar encontrar nuevos abismos. Como suelen decir: Venezuela toca el final del abismo y Maduro comienza a cavar otra vez.



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