Las dificultades chinas en Latinoamérica
Últimamente, la mayor parte de
los países latinoamericanos están siguiendo los pasos de Estados Unidos y
Europa al imponer aranceles prohibitivos a las importaciones chinas, lo que
supone una nueva tensión en lo que hasta ahora ha sido una relación cordial.
México, Chile y Brasil han aumentado (y en algunos casos más del doble), los
aranceles a los productos de acero de China en las últimas semanas, y Colombia
podría ser el próximo en hacerlo. La relación está siendo puesta a prueba por
un giro global hacia el proteccionismo y una avalancha de importaciones chinas
que amenaza con dejar a los productores de acero latinoamericanos fuera del
negocio y poner en riesgo un total de 1,4 millones de empleos. Lo mismo ocurre
en otras áreas.
No obedece a ninguna directiva
geopolítica, simplemente a presiones internas de su élite necesitada de sacar adelante
sus exportaciones, pero que las alinea en torno a otras políticas similares de
parte de Occidente. Las principales economías latinoamericanas se ajustan
libremente de acuerdo con los intereses de sus patronales. Se abre a China cuando
es conveniente y se cierra cuando no. Especialmente, Brasil a través de la Belt
and Route Initiative (BRI), el programa insignia de cooperación económica de
China. Están pasando muchas cosas con la BRI y donde más se notan los cambios
es en Latinoamérica y África.
La BRI se está recuperando
después de una pausa durante la pandemia mundial, con África como foco
principal. Los líderes chinos han estado citando los miles de millones de
dólares comprometidos para nuevos proyectos de construcción y el comercio
bilateral récord como evidencia de su compromiso de ayudar con la modernización
del continente africano y fomentar la cooperación de "ganar-ganar". Pero
los datos revelan una relación más compleja, que sigue siendo en gran medida
extractiva y hasta ahora no ha estado a la altura de parte de la retórica de
Beijing sobre las BRI. Los préstamos soberanos chinos, que en su día fueron la
principal fuente de financiación para la infraestructura de África, están en su
nivel más bajo en dos décadas y las asociaciones público-privadas, que China ha
promocionado como su nuevo vehículo de inversión preferido a nivel mundial, aún
no han ganado fuerza en África. Esto está ocurriendo de manera similar en
Latinoamérica. La clave para China es el desarrollo de infraestructura que se
integre en su iniciativa fortaleciendo sus cadenas de suministros y reclutando
socios. No prestar dinero difícil luego de cobrar como terminó ocurriendo hace
20 años pagando la novatada. El desafío está en que tiene que desarrollar mucha
diplomacia comercial que le permita capturar oportunidades, venderlas a las élites
del país y hacer que estas definan una postura pro-China en la diplomacia más
allá de eventuales líderes populistas de derecha o izquierda. Es decir, que se
convierta en política de Estado.
En paralelo, dentro de la
misma China, finalizada la etapa de préstamos soberanos en el marco del BRI, el
Comité Central del Partido Comunista Chino ha estado presionando a las empresas
chinas para que adquieran participaciones de capital y operen la
infraestructura necesaria para el BRI y que China quiere construir para otros
países. El objetivo es ayudar a las empresas a ganar contratos de mayor valor
y, al darles una participación, garantizar que los proyectos sean
económicamente viables. En este sentido, los préstamos a vehículos de propósito
especial (SPV), quizás el medio más común de inversión en infraestructuras PPP,
han estado creciendo como proporción de los préstamos extranjeros de China. Es
un cambio de modelo respecto a décadas iniciales. No obstante, las empresas
chinas, al igual que sus consumidores internos y los inversionistas, no están
muy por la labor. Solo algunas se atreven con Latinoamérica u otras regiones.
Hay mucha desconfianza hacia la gestión hegemónica de Xi y los marcos legales
de los países potenciales receptores. Es decir, si el gobierno chino ha perdido
recursos con todo lo que implica el supuesto respeto al poder emergente de
Beijing y no lo ha recuperado ¿Qué queda para una empresa china que ni siquiera
de le garantiza la seguridad de sus inversiones en el mismo territorio chino?
China en 2023 solo invirtió en
África 21.700 millones de dólares (entre contratos de construcción y otros
sectores como la minería). China apunta
hacia el comercio y la inversión, y se apoyan en la idea de que el comercio
generado por la BRI impulsa la riqueza y el desarrollo de África. Hasta ahora, el
comercio bidireccional alcanzó un récord de 282.000 millones de dólares el año
pasado. Pero, al mismo tiempo, el valor de las exportaciones de África a China
cayó un 7%, principalmente debido a la caída de los precios del petróleo, y su
déficit comercial se amplió un 46%. Por otro lado, desde el inicio de la BRI en
2013, China ha invertido en numerosos proyectos en América Latina. De acuerdo
con el Oxford Business Group, para 2022, el comercio entre China y América
Latina alcanzó los 495 mil millones de dólares, con expectativas de superar los
700 mil millones de dólares para 2035. En 2021, las inversiones chinas en
sectores como las telecomunicaciones y centros de datos en América Latina
sumaron 142 mil millones de dólares, lo que refleja un aumento del 41% en
comparación con 2020. Sin embargo, las inversiones han tenido fluctuaciones.
Por ejemplo, en Brasil, la inversión china cayó un 78% en 2022 comparado con
2021, debido a varios factores como la incertidumbre electoral y la revaluación
de proyectos existentes. A pesar de estas fluctuaciones, Brasil sigue siendo
uno de los principales destinos de inversión china, acumulando aproximadamente 140
mil millones de dólares en inversión directa extranjera de China desde 2007.
Como se ha visto, la inversión
china no solo se ha centrado en los recursos naturales, sino que también ha
comenzado a abarcar sectores tecnológicos y de infraestructura que mejoran la
conectividad regional e internacional. Esta diversificación es crucial para la
estrategia de China en la región, en un esfuerzo por construir cadenas de
suministro más resilientes y apoyar su propio crecimiento económico, pero no
está siendo un camino fácil porque las élites de los países receptores o no
están prestos a ser honestos con los compromisos de la BRI pensando que
tratando con un régimen opaco como el de Beijing pueden usar esa opacidad para
sus corruptelas o porque están más alineadas con Occidente como pasa con
algunos países latinoamericanos, no solo por empatía cultural, sino por el
efecto gravitacional de la economía americana en algunos sectores de la región,
especialmente en lo tecnológico, financiero y energético. China que busca influir
en esos tres sectores y se apalanca en los tres, es más fuerte en lo referente
a infraestructura, minería y agroindustria.
No quiere decir con esto que
China no podrá cumplir con su rol. Se beneficia de cierto caos en la política
exterior americana para con la región. Quiere decir, que tampoco tiene un camino
fácil hacia el cometido BRI a pesar del caos americano gracias a la actitud
dual de las élites latinoamericanas. Lo mismo que aleja las inversiones occidentales
de la región, aleja a las chinas y bajo Xi el efecto se duplica dentro y fuera
de China.






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