De la presión woke a la transición energética fallida
Las grandes petroleras del mundo concluyeron la temporada de
resultados dejando a los inversores con más preguntas que respuestas. Las
grandes petroleras recién comenzaron a aumentar los retornos en los últimos
años, después de casi una década de desempeño deficiente. Las empresas ahora
necesitan mantener esas recompensas para mantener a los accionistas rebeldes de
su lado y es un problema serio. Les piden a unas petroleras que sean verdes,
pero esto es casi imposible a corto plazo. Lo que terminará ocurriendo es que
toda la estructura irá mutando a otro negocio dejando lo petrolero como uno más
en el rango petroquímico en dos o tres décadas.
De toda la dinámica petrolera, llama poderosamente la atención en el
caso latinoamericano, la presión a la que están sometidas Petrobras, Ecopetrol,
Pemex y la decadente PDVSA. El motivo es la petro-renta.
Es curioso en este último caso, que cuando uno estudiaba sobre
política petrolera en Venezuela, se hablaba de evitar la pemexización de PDVSA.
Ahora Pemex debería hablar de la pedevización de Pemex. La base de esta
realidad es la misma y es la falla de gestión de una estatal. Una estatal petrolera
puede ser exitosa y se ha demostrado con creces. Lo impensable siempre ha sido
que una petrolera quiebre, pero esas cosas o mejor dicho una aproximación están
a la mano hoy en día cuando se observan a Pemex, Pdvsa o cualquier otra independiente
dedicada al shale. Es difícil quebrarlas porque el segundo mejor negocio del
mundo es una empresa petrolera mal administrada.
Aun así, tal como viene ocurriendo la transición energética, la
dinámica de las gigantes petroleras está entre optimizar a fondo los recursos
disponibles y prepararse para mutar en otra cosa.
Las gigantes privadas y las estatales en general, se apresuran a
explotar con lo que tienen el poco lapso de dos o tres décadas de ciclo
energético de los hidrocarburos. De allí que Aramco ni se esfuerza por ampliar
la capacidad de producción y si bien hay otras petroleras como Petrobras que
buscan ampliar la exploración en búsqueda de reservas más atendiendo la necesidad
de petro-renta de su accionista estatal que otra cosa, la dinámica de exploración va más ligada precisamente a la seguridad energética o emergencias tributarias de cara al futuro cercano. No es un negocio que se vea a largo plazo.
La realidad es que la industria petrolera prepara su despedida y
transformación. Irá lento, pero irá. Mientras ocurre, se verán cosas casi folclóricas
con accionistas exigiendo sostenibilidad o ser más verde a corto plazo o
políticas impositivas camufladas de imperativo verde (de hecho, ya existen
desde hace tiempo). La presión sobre las petroleras es equivalente a la que
sufre el consumidor promedio de energía. Se le exige responsabilidad con el
ambiente y en función de esto, son ahogados con impuestos o elevados costes.
En el juego de trileros de la clase política, lo verde es el pretexto
ideal para justificar más presión tributaria, así como las ESG la lámina
protectora con la cual los accionistas intentan protegerse ante una opinión
pública moldeada al uso para sentirse culpable.
En plena transición energética, los hidrocarburos siguen siendo
garantía de seguridad energética. Al final del día, todavía se necesitan para
garantizarla. El objetivo legítimo de sostenibilidad no es viable al 100% para
todo el consumo que está sobre la mesa pues implicaría depender y mucho,
todavía, de los elementos de la naturaleza bajo presión del cambio climático.
Como hemos dicho en otras entradas en nuestro blog hermano Energy forEnergy, hasta que no se desarrollen grandes capacidades de almacenamiento de
energías limpias, no se podrá lograr con éxito la transición energética y los
hidrocarburos serán necesarios.
Dicho esto, si las petroleras siguen bajo esta presión de accionistas
y consumidores wokes, así como élites políticas depredadoras, se negarán a
explorar y si no exploran los hidrocarburos serán escasos y sin son escasos,
serán más caros.
Si quieren una transición energética exitosa y sostenible que no quiebre
la economía, más vale lograr ya la maduración comercial de tecnologías de almacenamiento
para el sector industrial y urbano a gran escala. De lo contrario, tendremos un
colapso económico de inflación persistente y con presión geopolítica extrema
autodestructiva.
Del dicho y los deseos verdes al hecho, hay mucho trecho y hay que
pensarlo como adultos.




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