Hubris: esa pandemia cognitiva/emocional que nos terminará matando
Me encanta el tema sobre el hubris.
La desmesura, la arrogancia y todo lo que lleva la transformación del
comportamiento de un decisor poderoso es lo más dramático que se pueda
observar. Especialmente, en política, pero yo veo hubris por todas partes.
Desde la universidad, las empresas, las instituciones a todo nivel. No se si es
sesgo de mi parte, pero veo hubris cada vez más recurrente y en lugares donde
no se pensaba que existiera hubris.
Sorprende que eso ocurra, sobre
todo, en estos tiempos y los lectores de LinkedIn lo saben, en que ninguna
empresa, ningún departamento dura todo lo que debería durar en la línea en que
estaba acostumbrado un trabajador promedio hace unos 15 años. Hoy todo es
temporal y, aun así, hay hubris en las empresas. Se contagian muy rápido los
jefes de hubris. Antes duraban mucho más. Especialmente, en aquellos nodos que
son imprescindibles. Es decir, los nodos de los nervios del poder como el de
recursos humanos o talento “o felicidad” como escuché que nombraban a una
oficina de este tipo, en los de finanzas, en los de ciberseguridad, en los grandes
jefes. Allí en aquellos que tienen en un mismo cargo más de 5 años, así sea
simple, se ve hubris. No era normal. O al menos no era tan notable en niveles
bajos. Entendería Hubris en General Motors, Exxon, Citibank, pero en una
empresa mediana… ¡Por Dios!
¿Qué lo provoca? Pues la
verdad no lo se. Abajo para los que no están familiarizados con el concepto, pongo
un apartado al respecto. La pregunta no es fácil de responder. Hay muchos
estudios al respecto ahora, pero tengo la impresión nada rigurosa (como podrán
ver), de qué tiene que ver con el factor generacional (sí ya pienso como
abuelo), y la amplificación cognitiva de las redes sociales. Lo generacional
tendría que ver con los tipos de crianzas de las nuevas generaciones y lo de
las redes sociales ya se sabe que quien vive atento al marketing social para
posicionar una marca personal, vive esclavizado a eso y si todos los días el
ranking de seguidores te alaba, pues normal que tus conexiones neuronales o
dinámica bioquímica cerebral te induzcan al hubris.
Si no tienes algún tipo de
trastorno narcisista que es con lo que se puede confundir el hubris (por eso no
califica todavía como una patología en la comunidad científica), el hubris, la
desmesura del poder se cura saliendo del poder, pero hay personas que con poder
no lo logran sufrir. Tiene que ver con el funcionamiento de su cerebro, su
infancia, su sentido del humor, especialmente reírse de sí mismo, su intento de
conectarse con muchas realidades y estar abierto constantemente a la
autocrítica.
Pasa que hoy en día en que se
llega al poder rápido, es difícil mantenerse y se pierde fácil, el hubris
también parece ir acelerado y es muy contagioso. Es decir, el político que en
tiempos de debilidad partidista o el directivo empresarial en tiempos de caos
(la escalera del poder de Meñique en juego de tronos si recuerdan), y cambio
constante, debe tener un atrevimiento y voluntad muy fuerte, enorme, para
llegar al poder y llegan. No es la primera vez que pasa.
Stalin o Hitler o Mao o
Napoleón, entre miles en la historia, se están riendo de mí en el infierno.
Pero la realidad es que ahora se ve en cantidad (tal vez el efecto de la
sobreinformación). Tengo la impresión de que hay un Primark de hubris hoy en
día.
Pienso en Sánchez, el presidente
español, pienso en Bolsonaro, Milei, Bukele, Noboa e incluso Petro. Pienso en
Putin, Trump o Xi Jinping. No todos fueron emergentes sorpresivos, desde luego,
y no todos están minados por el hubris al 100%, pero tienen rasgos. Para llegar
al poder político, hay que tener voluntad y eso pasa por la autoconfianza
exagerada y no mirar a los lados o abajo y como no dependes de estructuras
partidistas que te atan de verdad estás rodeado solo de aduladores hasta que
topas con la realidad social o institucional que te pueda acotar, si es que hay
suerte para la sociedad víctima de un líder con potencial hubris.
No hablaré del mundo
empresarial. Los casos lo pueden ver ustedes en su empresa. Incluso a pocos
metros de su escritorio. Todos podemos tener hubris o ser víctimas de un tipo o
tipa o como dicen ahora los wokes “tipes” con hubris.
¿La solución? Generar mecanismos
de autocrítica real y reconsiderar el marco institucional de tal forma que se
pueda decir a la cara: “¡oye cuidado!”. Lo difícil es generar KPI para eso,
pero ahí se lo dejo a los expertos en negocios. Seguro que los hay. Yo lo
desconozco. Habría que investigar un poco más.
El menor peligro del hubris es
una quiebra empresarial, pero sí se multiplican los directivos con hubris en
plena cuarta revolución industrial ya se tiene preparada a la sociedad para el
germen de revueltas o revoluciones. El mayor peligro es siempre la guerra. Por
eso llama la atención el hubris en la política. Hoy en día, el hubris está
desatado y nos puede llevar a la catástrofe. De allí la importancia de la democracia,
las reglas de juego, el respeto a la ley. Solemos verlo como aburrido, pero eso
es la clave. En tiempos de hubris omnipotente, proteger la democracia y el
Estado de Derecho es la mejor medicina, además de reírte de ti mismo y de los
poderosos.
Nota conceptual sobre el
Hubris
El término “hubris” o “hybris”
es un término griego que significa “desmesura”. Todo lo opuesto a la sobriedad
o la moderación. Hace referencia al ego desmedido, a la actitud de
omnipotencia, a la voluntad de transgredir los límites que los dioses
inmortales impusieron al hombre frágil y mortal. Para los griegos, era el término
que se aplicaba a los que víctimas de su propia soberbia, se creían y actuaban
como dioses en un acto de romper el equilibrio entre estos, la naturaleza y el
hombre. Dicha ruptura, implica el desprecio hacia el espacio de los demás y
peor todavía lleva a realizar actos crueles y gratuitos contra sus semejantes o
subordinados. Es un concepto verdaderamente bello relacionado con el de las
Moiras, es decir, los tres seres mitológicos que enhebraban medían y cortaban
el hilo de la vida. En este contexto mitológico, el infectado de “hubris” se
cree con derecho a más hilo del que le fue asignado y se rebela contra su
propio destino. Entonces llega el Némesis. Némesis en la mitología griega era
la diosa de la justicia, del equilibrio y de la mesura. Castigaba los actos de
soberbia y devolvía al enfermo de “hubris” a los límites que había cruzado
restaurando el equilibrio de la naturaleza. Cuando vean un directivo o un
político caer y no sabe cómo o por qué cae, pues está recibiendo una visita de
la diosa Némesis. Pienso en esto en todos los tiranos que caen con cara de asustados
ante sus verdugos sin saber por qué. Es la imagen más dramática de ver actuar a
Némesis frente al atrevimiento del infectado de “hubris”. Para saber más sobre
el tema recomiendo estos dos títulos, pero hay inmensas líneas de investigación
que en mi caso no he explorado exhaustivamente. No obstante, les dejo estos: 1) Owen D. Hubris
syndrome: Bush, Blair and the intoxication of power. London: Methuen; 2012 y 2)
Tuchman B. The march of folly: from Troy to Vietnam. New
York: Ballantine, 1985.




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