Latinoamérica: El comportamiento homicida de la región en 2023

 

La criminalidad en la región siempre ha tenido un peso político notable ya no como problema, sino como actor clave. Cada vez que hay elecciones en México o Colombia, por ejemplo, hay incidencia en los resultados de parte de estas bandas criminales. Los cuerpos irregulares de antaño, de la guerra fría, todavía conservan sus vestuarios, pero operan dualmente en términos criminales cada vez más afincados en la ciudad como ocurre en las capitales departamentales de Colombia.

Hay países que han sido recientemente sorprendidos por la dinámica criminal. Lo que no esperan porque solo se afronta el desafío desde la perspectiva policial, es que la criminalidad con el paso de los años se hace más violenta e instrumental de fines políticos, bien sea como factor insurreccional o bien como parte de operaciones especiales negras. También ponen candidatos. Nada nuevo en México, Centroamérica o Colombia, pero ya comienza a expandirse a otras latitudes.

De la mano de Insight Crime, entramos en harina. El año pasado fueron asesinado más de 117.000 personas en toda la región. En términos relativos México, Colombia y Venezuela, sin sorpresas, sigue siendo los países más violentos, pero en 2023 se le sumó Ecuador. Poco a poco va sorprendiendo Uruguay y Chile. Las tendencias no solo van de la mano de procesos migratorios y trata de personas, movimientos y cambios de los mercados de drogas internacionales, el crecimiento del consumo en los mercados latinoamericanos, la proliferación ilegal de armas, la aparición de una nueva generación de criminales digitalizados, sino también de la debilidad institucional del Estado. Mientras los criminales se actualizan por ascensor hiper rápido, los Estados van escalera a escalera y eso es lo que a la vez motiva la aparición de opciones conservadoras en la política. No hay que olvidar que por lo general se habla de la vertiente física que afecta a los ciudadanos, pero esta criminalidad también avanza y todavía más fuerte en el campo digital con la cibercriminalidad de todo tipo.

Si los Estados no asumen el problema como una política de Estado mucho más compleja que la solo policial y no mejora en términos institucionales, las redes criminales terminarán minando sus capacidades de manera definitiva y hasta serán usadas por parte de potencias euroasiáticas y sus países satélites en la región en los choques globales futuros como herramientas de destrucción asimétrica con impacto real sobre las cadenas de suministros estratégicas para Occidente en cuanto a energía, transición energética y seguridad alimentaria.





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