El marco cognitivo intervencionista latinoamericano en cuanto a recursos naturales

Para las economías de América Latina, más allá de las variables de sostenibilidad y estrés hídrico, los desafíos para la minería están en los marcos cognitivos de las élites gobernantes normalmente depredadoras y rentistas, poco dadas a establecer marcos legales que faciliten la explotación y, cuando ocurre, siempre se incluyen cambios recurrentes dependiendo del vaivén político-electoral y el personalismo político. Desde luego, la diferencia respecto a los hidrocarburos es que la rentabilidad de explotación tal vez no sea tan elevada. Los hidrocarburos por la tecnología desarrollada de explotación y el valor de la materia prima permiten costes manejables con elevada rentabilidad. Los minerales no necesariamente permitan esas características dado que tienen un elevado rango de sustitución en la medida que va evolucionando la ingeniería de materiales o la innovación tecnológica. Aun así, dan renta, pero no tanto como los hidrocarburos, pero eso no necesariamente puede ser comprendido desde los ámbitos especialmente populistas tal como se está viendo en el caso de Petro o se ha visto en los casos de Argentina y Venezuela.

Latinoamérica será clave, pero sacaría provecho si sabe equilibrar las variables sostenibilidad, estrés hídrico y marco legal propenso a las inversiones.

De lo contrario, las inversiones solo serían manejadas en relación gobierno a gobierno y para eso se necesita menos democracia y más personalismo como ocurre en África y, aun así, como se ve en Venezuela puede resultar difícil por debilidad institucional del régimen en cuestión. Nunca había sido tan difícil impulsar negocios de hidrocarburos o minería de acuerdo a estándares de productividad legal como ha pasado en Venezuela desde 2006 bajo Chávez y Maduro. 

Incluso bajo tiranías se necesita orden y concierto para que estos negocios prosperen y las nuevas generaciones de liderazgos políticos personalistas no necesariamente logren ese cometido. En este momento, Colombia, Chile y Brasil pasan a un estadio de reforma hacia mayor regulación en materia de minerales e hidrocarburos, mientras que Perú sigue estático gracias a la paralización política de Castillo.

Latinoamérica es prometedora en minerales críticos, pero primero tiene que lidiar con la mentalidad de los liderazgos políticos claramente intervencionistas, no pocas veces, simulando su afán por rentas, apelando a la sostenibilidad y en otras ocasiones con fuerte debilidad institucional. 








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